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“Esta será mi venganza:
Que un día llegue a tus manos el libro de un poeta famoso
y leas estas líneas que el autor escribió para ti
y tú no lo sepas.”
Ernesto Cardenal

Me voy de ésta ciudad.

Me voy de aquí. Me voy allá donde dijiste que era mi lugar. Me llevan las pasadas dos de la tarde en aquella estación donde no te encontraba, donde nos hemos ignorando antes. Me voy con ganas de lluvia y mi sordidez, mi inocencia, subiendo escaleras electricas, andando hasta donde el frío me gritara que me estoy haciendo cobarde. Allá donde me detuve en seco y sin decir más giré hacía ti. Temblando. Lentamente, intempestivo, catártico, mortal, potentísimo. Mirándote a los ojos, escondiéndote a los míos, encantada, suspirando al cielo, esperando, anhelando, sonriente, nerviosa. Sonámbula, curiosos paso tras paso, como buscando la muerte, como desafiando al destino. Tomados de la mano y el puente que se derrumba, y los trenes que imparables se vuelcan al coincidir en aquella estación y ese beso después de todo. Esa muerte.

No me volví. Caminé, anduve todos los caminos, aún los atajos y las trampas, llegué a donde debía y ya me conoces. Me haz visto agazapado, te has dejado cazar, has caído pensando que mi antídoto no será suficiente el día que sea suficiente. Y es que no siempre supiste en qué creer y me citabas en los atrios de las iglesias para que supiera donde curarte, por donde preguntar y qué responderte, para que viera que habías sido también un guerrero y debiera temerse, o al menos comprender, tenerte compasión a la hora de la muerte. Todas las avenidas se perdían, ‘ninguna llegó a Roma’ decías. Y yo que ingenuo las andaba y me pedías que no te soltara, te burlabas de mi ceguera, de mis traspiés que no eran ni siquiera por tu culpa, pero los sabías, y te los callabas y no me contarías, me dejarías entre ver cuando mi impaciencia por tus respuestas mirara desesperado, y sentías bien, sólo desesperado podía contemplarlos.

Todo está bien. Ya me habías dejado otras veces, no te iba a esperar aquí de nuevo. Me estoy callando y allende el silencio te desespero con los brazos cerrados, con las ganas de ofender, gritar a todos los vientos que si vas a guiarme no será junto a mi pecho. Tendrás que seguir la mancha de estrellas al pasar, las gotas fluorescentes sobre tu vientre cada que llego, cada vez que caliento y desnudo me tumbo a tu lado, exhausto, fugitivo, total. Mira si no me había entregado antes así, bajando todas las guardias y esperando que tu faena fuera certera, que no me cortaron de tajo, sino la muerte de facto. Para el tercer acto, la última llamada no fue suficiente. Es la noche en aquel hotel donde te quedaste dormida y yo esperaba sentado en el piso al frío, la ventana colaba sólo algunas luces, pero no hubo ninguna estrella, ninguna poesía, y eso me derrotó. ‘Me fuí a sufrir’ le contaba a la virgen, le rezaba un rosario y me brincaba las cuentas, ya sabes, nunca escucha de verdad. Pero ahora mi voz se escuchará en toda la ciudad, hará temblar todos los rincones y no habrá virgen o prostituta que no lo sepa:

Me voy de aquí.

.: http://www.youtube.com/watch?v=yqrCo8LvfhI :.

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