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Esta vez no me logré engañar. No me voy a mentir. Voy a llorar el dia que deje a mi madre. Toda mi vida me la he pasado viajando.

Para mi buena suerte mis padres no son de aquí, llegaron jóvenes y se quedaron. Alguna ventaja tengo de ello. Nací en Querétaro pero he recorrido la mitad de la república en ‘viajes familiares’, ‘viajes de la escuela’, ‘estoy arto de mi vida’, ‘de éste viaje no volveré’, hasta ‘viajaré porque quiero estar con ella’. Ese ultimo es mi orgullo, el viaje de viajes. Muchos muchos, tantos que he perdido registro de ellos, no de los lugares, pero si se han diluido mis memorias, ya no recuerdo la primera vez que viajé sólo, por ejemplo. Mis padres, me enseñaron a viajar, supongo.

Al partir, encuentro nostalgia, adrenalina, poder, alguna tristeza; ganas de sentir que me estoy desprendiendo de algo o de alguien. Que también me estoy alejando de mi. La verdad es que no he reparado en ello pues imaginaba que esa incertidumbre era parte importante. Es como sentirse un poco loco y desatinar, hacerse a la idea de ‘no tengo razón para esto’, ‘te estoy desafiando pinche rutina’. Viajar se convirtió en una forma de vida cuando pude obtener dinero, viajaba porque era muy pinche decadente y me valía verga mi puteada vida. Esa es la verdad.

Pero esta semana santa que volvía de Tamaulipas, mi mamá me dijo que me quería. Así.

Me envió un mensaje cuando el autobús partía de la central. Yo sentía que me iba a morir. Sentía que no iba a sobrevivir. Seguramente ella se estaba despidiendo como lo haría una madre resignada, una madre que no volverá a ver a su hijo. Estuve a punto de llorar. Quería decirle a mi mama que solo era un viaje más, que no me iba para siempre, ‘no aún mamá, mírame aun no cometo ese “error”, sólo es un momento’. Sentí que le estaba haciendo daño, que era de ella de quien me había estado desprendiendo todos estos años sin lograrlo. No me lo pensaba porque era un fracaso, porque ella ya sabía que volvería, porque yo ya sabía que me esperaría. La verdad es que todos estos años me lo ha dicho. Nunca tan difícil como esta ultima vez.

Es real, mi madre y yo apenas nos entendemos, es la única persona con la que jamás pude razonar, la he llegado a odiar, su asfixiante manera de ser. Supongo que ella piensa lo mismo de mi. Y para ser más sincero temo que seamos tan malditos porque en realidad me parezco a ella, a su forma de ser, de sentir. Eso si que es maldito, me siento sucio tan sólo pensarlo. No lo sé. Pero pues es mi madre, supongo todos tenemos un nemesis, el mio es mi madre y la odio porque es muy inteligente, porque es capaz y además tiene palabra. Porque nunca se queda callada y porque tiene un puto corazón que jode el alma. Porque yo la he visto llorar y he llorado con ella, porque hemos vivido tantas batallas donde nadie ganaba.

He aquí la nostalgia, soy todo nostalgia, he matado la idea de mi madre con este pequeño escrito. ¡Plañidera! ¡Escuchame! Yo, tu hijo, el primero, el que no deseabas, el que contaste llorando, el terror, tu gran vergüenza y tu primero y verdadero amor, te está condenando: Ese viaje que me desprenda de todos lados, es romper los lazos que con cuidado y amor creaste para mi. Y aquí se van a quedar, hoy te doy una bofetada y te me alejo de ti, ya no seré más de tuyo, porque, madre es pues, ahora, ahora y para siempre, simplemente ‘aquella mujer’.

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