Tendría diez años. Tal vez once. No recuerdo bien.

Sería la primera vez que viajaría con alguien distinto a mis padres. Lo haría un año después con mi abuelo materno, de Tamaulipas a Querétaro; y sucesivamente lo haría con mayor frecuencia. Esas salidas, esos viajes se convertirían en la adolescencia como aquelarres de demonios, los viajes que hacía para “escapar” de mi realidad. Pero aquella de los once definitivamente era la primera vez que viajaba sin padres; lo cual de entrada ya era un evento importante.

Iba con mi abuelita, la madre de mi padre. Ella viajaba continuamente a la ciudad de México, al barrio de Tepito, iba a comprar ropa y cosméticos, mismos que revendía acá, en Querétaro. No le ganaba mucho pero mi padre decía que era bueno porque la mantenía ocupada. Íbamos ahí porque a las entradas del barrio vivía mi tía Aurora. La casa de mi tía Aurora era una casa de los años cincuenta bien adornada, se veía antigua y ella dedicó mucho de si en decorar, entrar a  esa casa era viajar a los años cincuenta, era tan elegante como íntima. La casa estaba ubicada en la calle de Correo Mayor,  nos quedaba a tiro de piedra el barrio de tepito y su interminable tianguis.

Me emocionaba ir a Tepito porque desde muy pequeño veía en la televisión que era un barrio conflictivo, y yo sentía como meterme a la boca del lobo. Imaginaba que en algún momento sucedería una balacera como esas de la televisión y yo salvando a mi abuelita en medio de una lluvia de plomos. Yo estaba en verdad emocionado por entrar a un lugar así. Mi oficio en aquel viaje era sólo cargar con las bolsas. Ayudar. Así que aproveché para comprar cosas tan baratas como sólo se vendían ahí. Recuerdo que compre una pequeña grabadora de mano con su micrófono integrado. Grababa conversaciones de mi familia, conversaciones en la escuela. Recuerdo que una vez incluso hice un pequeño programa de radio. Jaja. Sólo presentaba canciones. La disfruté mucho hasta que un día la perdí.

También compre muchos discos. Porque allá los vendía en diez pesos, y si comprabas más de cuatro discos, te los daban en ocho pesos. Así que para completar un segmento de cinco discos por ocho pesos debía elegir uno más. La verdad es que ya no me interesaba ninguno, así que éste último lo seleccioné por su portada. Una mujer y un hombre abrazados, vestidos muy a los cincuentas mirando al cielo con rostros como extrañados. ‘Peligrosamente juntos’ se leía en la portada. Tienen que reconocer que la portada de los Hombres G tiene algo de llamativa, no digo bonita, pero sí interesante.

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La cosa que en aquella ocasión fue el primer disco que escuché y me gustó a secas, no me hice fan y su música ya tenía al menos diez años sonando, justo la edad que tenía en ese entonces. Pero sí fue un disco que me acompañó al menos unos cinco años, llegaron a gustarme y sus canciones lograban tocarme, ponerme de ánimo según la letra. El tiempo pasó y dejé de escucharlos.

Hoy, después de catorce años tuve la oportunidad de reencontrarme con una canción en especifico, una que en aquel entonces sentía que vivía y déjenme decirle que he viajado catorce años en el tiempo. He logrado recordar el olor a sangre que tuve en aquella ocasión que la escuchaba mientras estaba solo en mi cuarto, recordé el calor que sentía, estaba solo. Recordé que pensaba que esa canción estaba hecha para situaciones así y yo las estaba viviendo. No sé si ya era un niño demasiado triste, demasiado pendejo, demasiado nada; pero ya me tocaba la letra.

Y la verdad es que no lo recuerdo con la tristeza que en aquel momento lo padecía. La canción me hizo recordar lo solo que me sentía. No quería salir de mi recamara. Recuerdo que mi madre me llamaba y yo fingía no escucharla, haciéndole creer que me había dormido escuchando música. Pero sobre todo recuerdo que había una parte de la canción que yo sabía que Ana, mi hermana, no entendería, que no sobreviviría y que definitivamente iba a suceder un día.

Qué frágil es la mente y que gruesos son los hilos que atan los recuerdos. Qué difícil es volver atrás cuando el tiempo no es amigo.

Aquí les dejo la canción… 

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